¿Tienen algo para la osteoporosis?

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Un médico amigo una vez me preguntó: “¿Tienen algo en el Método Feldenkrais para la osteoporosis?” Estaba sorprendido por la cantidad de dinero que pagaban las compañías de seguros por perjuicios relacionados con la osteoporosis. Pero más allá del dinero, estaba preocupado porque las personas con huesos frágiles y quebradizos pierden libertad de movimientos y dependen de otras para que las cuiden.

Cuando este médico me hizo esa pregunta, le respondí “no” sin pensarlo. Nuestras lecciones de Autoconciencia a través del movimiento (ATM) no utilizan presión. Son un laboratorio para refinar la coordinación, aunque indirectamente sirvan para crear una alineación corporal que pueda resistir la presión. De todos modos, en una clase de ATM nunca usamos la presión . En la Integración Funcional lo hacemos, pero no es una acción que le indiquemos a la persona que realice por sí misma.

Luego de decirle “no”, me fui a casa y lo pensé. Era un desafío. ¿Por qué no podíamos abordar la necesidad que tienen los huesos de recibir cierto impacto dinámico de presión, aunque no fuese el estilo habitual de nuestros laboratorios de aprendizaje? La esencia de lo que hacemos es despertar al cerebro, guiar al sistema nervioso para que encuentre mejores soluciones para el movimiento.

Empecé a jugar con la idea y diseñé varios procesos de movimientos teniendo en cuenta que la clave es que si la alineación no está intacta, la presión de un movimiento dinámico puede causar daño. Por los relatos de personas que trabajan con ejercicios para aumentar la densidad ósea en diversas instituciones, veo que a menudo se sienten frustradas. Dicen que si ejecutan los ejercicios con la fuerza que se supone necesaria, comienzan a aparecer las lesiones, pero si no ejecutan los ejercicios con suficiente fuerza, no construyen hueso. Allí está el dilema.

Se me ocurrió que podía usar los principios del Método Feldenkrais para aplicar presión en forma segura. En Bones for Life®, uso mucho el empuje en la pared, acostados, sentados y de pie. Para empujar la pared uso las manos, lo que es una gran contribución a la integración. En el marco de nuestra evolución como criaturas, desde que abandonamos nuestro diseño original – caminar en cuatro patas – descuidamos la presión desde las manos. Perdemos entonces esa información, la que brinda la conexión de las manos a través del omóplato para organizar la parte alta de la espalda, la zona dorsal, y de ahí el resto del cuerpo.

El objetivo es que la transmisión de fuerza pueda trasladarse por todo el cuerpo, de punta a punta, sin ninguna pérdida y sin quedar atrapada en ninguna articulación específica. Esta habilidad necesita desarrollarse con una cadencia dinámica, rítmica y elástica equivalente a la experiencia de caminar, para que así el organismo pueda sacarle provecho. Muchos de los movimientos tienen lugar de pie, utilizando la pared como apoyo tanto de frente como de espaldas. El instrumento principal es una tela de 7 metros. Lo llamo arnés. Aún si la persona no está bien organizada, con esta tela envuelta alrededor está contenida y puede saltar con seguridad. Tengo la experiencia con gente que viene a los talleres, sobre todo con gente mayor que hace tiempo olvidó cómo era saltar ¡y lo logra con gran rapidez! Saltar es el gran maestro de la postura de sostén del peso.

Estimular el crecimiento óseo es la “médula” del programa y por eso de algún modo todo el trabajo es sobre la alineación.  Busco la alineación con distintos artilugios. Por ejemplo, usar las propias manos como agentes de orientación para organizar el cuello en un movimiento polarizado, con el nudillo del dedo índice entre los dientes, tirando hacia adelante, mientras las vértebras del cuello retroceden empujando los dedos de la otra mano.

Por supuesto, agregamos movimiento a esta posición, porque ninguna posición es válida si no podemos vernos a nosotros mismos usando esa posición en alguna actividad.

Creamos un contexto para esa posición y la usamos en movimiento, por lo general mediante el patrón de la caminata. Éste es el movimiento que nuestro cuerpo entiende mejor. Cuando usamos el estilo de la caminata, o su diseño o su ritmo, con su elasticidad, alternancia y presión rítmica que fluye por todo el cuerpo, accedemos a toda una reserva de conocimiento. No es presión en seco. Sabemos por distintas investigaciones que una presión reducida no estimula el hueso para que se fortalezca. Pero la presión excesiva también puede favorecer la osteoporosis. Este es el caso del área lumbar, cuando se erosiona como consecuencia del exceso de presión estática. Incluso se diagnostica osteoporosis en atletas que entrenan demasiado sin suficientes pausas. Necesitamos sintonizar con una cantidad específica de presión, que se dé en un ritmo y en una configuración que el organismo comprenda y reconozca como la clave para favorecer la salud del hueso y suministrarle lo que necesita.

Los huesos también necesitan nutrientes para renovar las células. ¿Llegan los nutrientes que ingerimos a todo el organismo de manera uniforme? Penetrar en el tejido duro de los huesos es más difícil. Entonces, cuando toda la circulación se debilita y hace más lenta, los huesos son los primeros que dejan de recibir los nutrientes y minerales que necesitan.

La cultura moderna intenta resolver la deficiencia con suplementos químicos y minerales que hasta pueden confundir al mecanismo natural y debilitarlo. Pero aún así, sin movimiento no hay garantía de que se distribuyan a los huesos. De hecho el calcio se puede terminar acumulando en los vasos sanguíneos y provocar que al corazón le resulte más difícil bombear la circulación. Sabemos que un movimiento con sacudidas o con rebotes lo logra. El movimiento dinámico abre el flujo y favorece que los nutrientes se distribuyan de manera uniforme. Éste es un aspecto de la vitalidad. No se trata de envejecimiento. Siempre le digo a las personas: “Sus huesos van a ser tan buenos como el uso que usted les dé”.

Extraído de una entrevista realizada por Carol Lingman en octubre de 2000 durante un seminario de Bones For Life® en Santa Mónica, California. En ella, Ruthy Alon cuenta cómo desarrolló el programa Bones for LIfe® y cuál es su relación con el Método Feldenkrais. Traducción: María Clara Reussi. Edición: Guillermo Sabanes.

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